Existe un pensamiento constante para los emprendedores sociales: crear un impacto positivo en el planeta en el ámbito social, económico y ambiental, y simultáneamente adquirir sostenibilidad financiera por esta actividad. Para lograr estos dos objetivos se conjugan prácticas y estrategias de emprendimiento social y convencional; este modelo de hacer negocios ya es tendencia en el mundo y Ecuador no es la excepción.


Dicho de otra manera, los emprendimientos sociales, conocidos como emprendimientos 'híbridos', integran un modelo de negocio que en esencia combinan las características de empresas enfocadas en resolver los retos sociales, ambientales y económicos del mundo-conocido como triple impacto-, con el de empresas tradicionales que se enfocan en obtener réditos económicos por los servicios y productos que ofrecen. El emprendimiento social tiene un rol paralelo a sistemas productivos actuales.

Historia detrás del emprendimiento social

En su curva de crecimiento, el emprendimiento social ha tenido que sortear muchos retos, entre ellos el de ser visto únicamente cómo una empresa filantrópica y nada rentable. Un estigma que lo alejó de los capitales semillas tradicionales por décadas.

Coloquialmente, el término emprendimiento social ha sido relacionado a conceptos como la Responsabilidad Social Empresarial, el cual surgió en los años 50s y 60s. Este método es conocido principalmente por su influencia en las actividades, programas y eventos de empresas cuya misión y visión es crear un triple impacto desde el ámbito corporativo.

Actualmente, el emprendimiento social tiene algunas tangentes cuyas metas son principalmente crear instituciones, empresas y organizaciones que busquen mejorar el status quo de las problemáticas en diferentes ámbitos como la salud, la educación, la movilidad, la tecnología, el ambiente, los procesos de producción, entre otros. Al término Emprendimiento se lo asocia como un negocio naciente, el mismo que en el camino se convertirá en una empresa. Al agregarle el componente “social”, se integra la generación del triple impacto mencionado.

Hay que enfatizar entonces que los emprendimientos sociales no son necesariamente sin fines de lucro; debido a su enfoque diferenciador de las tradicionales fundaciones que dependen en gran medida de empresas o individuos donantes, y el emprendimiento social busca su propia sostenibilidad financiera.

Presencia mundial

A nivel internacional, actualmente existen alrededor de 40 millones de emprendedores sociales quienes a través de sus modelos de negocios, ejercen prácticas positivas para aliviar problemáticas de la sociedad. Una de las primeras personas en marcar el ámbito de emprendimiento social al final de la década de los 80 es el reconocido economista originario de Bangladesh, Muhammad Yunus, creador del microcrédito y fundador del Banco Grameen, destacado como el Banco de los Pobres, el cual otorgaba microcréditos a familias de bajos recursos. A través de su banco realizaba préstamos a mujeres que querían iniciar actividades comerciales y artesanales y logró que el 90% de estos tengan un retorno exitoso.

En la era moderna también han surgido aquellos negocios que involucran aspectos tecnológicos como Laboratoria, un emprendimiento social que enseña a mujeres de sectores vulnerables en Perú, Chile y México (pronto en Brasil), a programar para luego posicionarlas en empleos relacionados; y el modelo de negocio incluye que las mujeres devuelvan un porcentaje del costo del programa a la empresa una vez que las mujeres ingresen al mercado laboral.

La mundialmente reconocida empresa Ben&Jerry's también comenzó como un emprendimiento social cuando sus directivos decidieron donar el 7.5% de los ingresos de la compañía a proyectos relacionados con un impacto comunitario positivo (luego fueron adquiridos por la multinacional Unilever.) La empresa también estuvo vinculada a un número de campañas para apoyar el desarrollo integral de la infancia.

En Ecuador también existe un número importante de negocios en desarrollo y personas que trabajan desde el ámbito de emprendimiento social. Un ejemplo es Intilight, empresa enfocada en suplir energía solar mediante su modelo de negocios a residencias e instituciones públicas y privadas, pero también llega a sectores remotos y vulnerables del país, mitigando así los riesgos de las energías no renovables. Sin embargo, en Ecuador no existen leyes que permitan que un emprendimiento sea constituido como “empresa social”, a diferencia de países como Estados Unidos, donde existen las Corporaciones de Beneficio Público, las cuales incluyen dentro de los estatutos empresariales componentes que garanticen-por ley- su impacto positivo hacia la sociedad.

Las certificaciones como motor impulsor

Al mencionar los emprendimientos sociales, surge el cuestionamiento de la regulación que existe para este tipo de modelo de negocio. Para mitigar esta falencia, paralelamente han surgido distintos tipos de certificaciones que se otorgan a aquellos emprendimientos sociales que cumplen rigurosos requisitos. Una de estos son los certificaciones para “Empresas B”, que reconocen el rol de aliviar alguna problemática a la sociedad que haya cumplido la empresa, y otros aportes relacionados, como el cuidado al medio ambiente, o la incorporación de grupos vulnerables de la sociedad en los procesos productivos.

En Ecuador existen al menos seis empresas con certificación B, entre ellas la mundialmente reconocida Pacari.

Adicional a estas empresas que cuentan con esta certificación, hay decenas de emprendimientos sociales en el país que buscan generar un impacto positivo a través de sus empresas. En definitiva, los emprendedores sociales buscamos generar un triple impacto positivo en el mundo, y para lograrlo cambiamos la manera de hacer negocios, nos acercamos a la realidad de los proveedores, cambiamos los estatutos de nuestras empresas, y vinculamos a la comunidad. Para lograrlo, utilizamos el conocimiento y las herramientas empresariales del mundo de los negocios para cumplir nuestros objetivos e invitamos a todos los stakeholders empresariales a formar parte de este nuevo paradigma.

Daniela Bermeo

Máster en Emprendimiento Social e Innovación

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