Las palabras engañan cuando no son pronunciadas desde la pureza, cuando no nacen desde la pureza desvían la mente de lo estable a lo inestable.

Las palabras no nos develan la realidad más profunda de las cosas, no son un medio idóneo para el entendimiento. Las palabras son relativas, en cambio en el silencio, se encuentra la verdad, lo estable, lo permanente, lo inmutable.

 

El silencio es absoluto. La palabra es relativa porque una sola palabra puede tener muchas definiciones. La palabra Dios, por ejemplo, puede tener miles de definiciones e interpretaciones según quién elabore el concepto. En el silencio no hay definiciones, te conoces a ti mismo, te contactas con ese ser puro que eres, con ese ser consciente, con la divinidad, con Dios o como quieras llamar a ese núcleo según tu creencia.

 

Como ves, las palabras no lo definen todo, pero en tu silencio te encuentras con una emoción que no tiene definición. Lo importante es lo que sientes y no lo que defines con tu mente.

 

Meditando sientes la verdadera vida. Si quieres meditar, no te muevas mucho, respira concentrado, quédate en silencio y empieza a vivir.

Alicia auarmat@hotmail.com

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Abogada, escritora, actriz, artista plástica, estudiosa de filosofías orientadas a la realización del ser y maestra de meditación
Alicia auarmat@hotmail.com