Mantener una buena salud y una expectativa de vida es lo que deseamos alcanzar diariamente. Hay muchas personas que tienen un miedo latente a la muerte. Es el temor a ella lo que hace que uno recurra a la medicina como prevención, encontrando una respuesta rápida a la salud y al bienestar.


Por ejemplo, en EEUU los estándares de salud no son mejores donde hay mayor acceso al sistema sanitario, y en ocasiones dichos estándares de salud son peores en las zonas donde es mayor el uso del sistema sanitario. Actualmente hay infinidad de factores a tener en cuenta para el cuidado del cuerpo y de la mente.

¿Hay opciones a tener en cuenta?

Una búsqueda permanente del ser hace que entendamos quiénes somos, para qué estamos y cuál es el propósito de nuestra vida.
La espiritualidad se entiende como la búsqueda individual del ser; de esa manera podemos identificarnos con nuestro origen verdadero y así encontrar respuestas más allá de lo que percibimos con los sentidos. Es buscar adentro lo que esperamos encontrar afuera.

La pionera en la conexión Mente-Cuerpo y defensora del tratamiento mental, Mary Baker Eddy, pregunta: “¿Qué soy yo?” y responde: “Yo soy capaz de impartir verdad, salud y felicidad y ésta es mi roca de salvación y la razón de mi existencia”.
Entiendo que esa es nuestra misión y propósito: impartir lo bueno, defender la salud y ponernos del lado de la Vida.

Si deseamos estar sanos, pensar en términos de salud y no de enfermedad, es una alternativa inteligente.
Es muy bueno apreciar que cada vez más los médicos escuchan con interés y atención a sus pacientes, los comprenden y les demuestran que están ahí para ayudarlos a sanar, más que recurrir al recetario impulsivamente y no saber bien a quién tienen delante. Y este es el mejor preventivo: escuchar, comprender, acompañar.

Quizás hoy sea una buena oportunidad para experimentar una nueva alternativa. Si necesitamos un cambio, promovámoslo desde una plataforma espiritual, sintiéndonos parte de un Todo que está disponible para que vivamos sanos y no temamos ni a la enfermedad ni a la muerte.

El tratamiento específico que podemos darnos a nosotros mismos, es conocer qué pensamientos están necesitando atención, tal vez no solo vencer el miedo, sino también la falta de confianza, la inseguridad, o bien la aceptación de que nuestro caso es incurable.

Podemos resurgir de las cenizas de la desesperanza y remontarnos como el Ave Fénix, sobrevolando las experiencias difíciles y transformándolas en oportunidades únicas que llevan a vivir mejor, desprendiéndonos de aquellos temores que nos esclavizan y limitan, y aproximándonos a la curación permanente.

Elizabeth Santángelo

Colabora con IntiNetwork con temas sobre salud y bienestar y su relación con la espiritualidad. Colabora como Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana para Argentina y es columnista en varios medios de Buenos Aires y otras provincias argentinas
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