Cuando se atraviesa por una enfermedad diagnosticada como incurable y sin esperanza de vida, muchas personas recurren a lo que para ellos es la última opción a escoger: la curación basada en la espiritualidad.

La espiritualidad que conozco y vivo tiene su fundamento en el Amor divino, Dios, que es Vida y que ama a todos con un amor invariable, inmutable y permanente. Toda experiencia nos enseña y nos hace más fuertes ante las adversidades.

Un ejemplo es la historia de Ireno. A él le diagnosticaron cáncer a los pulmones y al mismo tiempo le aparecieron problemas al estómago que le impedía comer llegando a pesar hasta 38 kilos. Los dolores que sentía eran muy difíciles de sobrellevar. Se sometió a diversos tratamientos médicos, y en su búsqueda de curación acudió a otros especialistas médicos del extranjero, quienes ratificaron su condición dándole cinco meses de vida.

Cuando todo parecía acabarse para Ireno, recibió la visita de una amiga quien le sugirió que probara la curación espiritual y le obsequió una Revista El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Esta revista fue establecida por Mary Baker Eddy y contiene testimonios de curación y artículos sobre salud y espiritualidad.

Más adelante, con el apoyo de un profesional de la Ciencia Cristiana y con el estudio constante de la Biblia y del libro Ciencia y Salud, escrito por Eddy, su comprensión del hombre creado a imagen y semejanza de Dios, se hicieron evidentes en su pensamiento.

Los meses siguientes se sucedieron como un despertar para Ireno: “Fue algo vital, me sentí amado de Dios, una alegría, un amor que me invadía totalmente, es el amor que proviene de Dios y que sana.” Dice con inmensa gratitud.

La manera de ver la vida cambió para mejor para él, y ¿qué fue lo que cambió en su pensamiento?

Eliminar el temor y las preocupaciones de un futuro incierto fueron muy importantes en su travesía a la curación. Volverse consciente de la totalidad de un Amor profundo, algo que jamás había experimentado en su vida y principalmente descubrir que no estaba solo y que el Amor divino, el bien, lo envolvía completamente.

Lo mejor de todo fue que expresaba alegría por vivir, generosidad y sin temor al mañana. Este nuevo conocimiento se hizo más perceptible para él, entendió que todo lo bueno y armonioso procede de lo divino y que el hombre es parte de esa creación inalterable, perfecta, saludable y que es posible ahora.

Al fin de los dos meses siguientes, Ireno estaba completamente sano. Los análisis médicos que le practicaron después arrojaron negativo, sin ningún rastro de la enfermedad. Eso sucedió hace 25 años y desde allí hasta ahora Ireno continúa totalmente sano, alegre por la vida, compartiendo su experiencia y sin ningún síntoma de cáncer.

Un salmo que muestra la Omnipresencia divina dice: “A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia? … Si tomare las alas del Alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”.

Es alentador encontrarnos con historias como esta, porque en la actualidad muchas personas buscan alternativas para una vida con salud y bienestar permanente.

Tomar tal actitud espiritual, que conduce a la curación, exige algo de nosotros mismos, o sea, aprender a cambiar nuestra antigua manera de pensar y ponerla de acuerdo con el Amor divino, con lo perfecto y verdadero.

Al comprender que somos la expresión del Amor, que es Dios, dejamos que nuestra vida exprese esta naturaleza espiritual. Esta comprensión absoluta y sin reservas es lo que produce la curación.

Carmen Olivas

Colaboradora de IntiNetwork, escribe sobre lasalud, el bienestar y su relación con la espiritualidad. Integra también el Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana para Perú.