¿Te has preguntado alguna vez qué hace que, por ejemplo, los perros suenen “guau-guau” en español, “woof-woof” en inglés, “bau-bau” en italiano, o “wuff-wuff” en alemán? ¿Y que lo mismo ocurra con todos los demás animales de las diferentes razas y especies?

Si estás pensando que es porque son políglotas y hablan varios idiomas, te equivocas…

Inténtalo otra vez. Reflexiona en lo siguiente: ¿por qué en la mayoría de los idiomas el mugido de las vacas es una palabra que empieza con “M”, excepto en urdu que suena “baeh”? ¿A qué se debe que en danés los caballos hagan “vrinsk”?

¿Te das por vencido?

Bien, la verdadera razón no tiene nada que ver con ellos sino con cómo los humanos interpretan sus sonidos…

animalitos

Los sonidos que emiten los animales son de las primeras cosas que se les enseña a los niños en sus primeros meses y años de vida. Así es como las personas aprenden a hablar, imitando los sonidos de la naturaleza, lo que en Gramática se conoce como onomatopeyas (palabras que tratan de imitar las resonancias del ambiente).

En este punto, cabe preguntarse: ¿por qué no existen palabras universales para designar los sonidos de los animales, si en todos los rincones del mundo suenan igual?

Aunque no lo creas, los aspectos culturales tienen mucho que ver con la diferente percepción sonora de un país a otro. Un ejemplo de ello es que en los países de habla inglesa existen diferentes sonidos para definir los ladridos (“woof”, “yap”, “bow-wow”, “ruff”, “growl”), ya que en ellos existe un mayor número de perros per cápita que en las naciones de habla latina, en donde se lo asocia con el clásico “guau-guau”.

Por otra parte, en Estados Unidos y Australia no existe una onomatopeya que describa el sonido de un camello y el motivo es absolutamente sencillo: porque no existen en esas zonas.

Existen muy pocos estudios que hayan investigado la apasionante la onomatopeya animal en las diversas lenguas. Uno de esos es el Proyecto Quack que, desafortunadamente, ya no está disponible en Internet pero que recogía el sonido de diferentes animales reproducidos por niños de diferentes culturas en las escuelas de Londres.

Esta investigación hacía alusión a las reglas gramaticales como explicación al fenómeno. En japonés, por ejemplo, el sonido “L” no puede ir detrás de la letra “D”, esencial para hacer el “kikirikí” del gallo inglés, y razón para su cambio a “cock- a doddle do”. Al contrario, en español no existen algunos sonidos equivalentes en japonés: el famoso caso de la “L” que se suele cambiar por la “R” es uno de ellos. Lo mismo sucede cuando se interpreta el mugido de una vaca en francés como “meuh” en vez del “muu” utilizado en español, simplemente porque en este último dialecto no existe el sonido “eu”.

Al final, las onomatopeyas de los animales dicen más sobre los humanos que sobre ellos. Hablan de la cultura, de la gramática y hasta del vínculo de las personas con los animales a los que ‘retrata’ con palabras.

Conoce más al respecto en el video que se reproduce a continuación:

 

 

 

* Con información de Quo y La Gran Época

 

Denisse Espinoza

Amante de la naturaleza, la familia, los viajes y las tradiciones de los pueblos originarios. Comunicadora social, Web Master y Community Manager de IntiNetwork, busca encontrar su camino a través de los distintos senderos que el Universo le tiene preparado...
Denisse Espinoza