En todas las culturas del mundo, la relación íntima y profunda con la naturaleza humana y no-humana permitió un gran conocimiento de la vida y de su funcionamiento.

Uno de los principales regentes en la sabiduría de todos los pueblos de la Tierra fue el Sol, a sabiendas de que es la fuente de luz, de calor, de energía, de vida. Al estudiar el movimiento del Sol se dieron cuenta de los cuatro ciclos por los que atraviesa la Tierra y consecuentemente de todos sus habitantes.

El 21 de diciembre se produce un fenómeno natural en el cual el Sol está bien distante de la Tierra y durante tres días parece como que se queda estático y luego continúa moviéndose (en realidad la Tierra). Este Sol, en el hemisferio norte queda cubierto por las nubes y se genera lo que se llama el invierno con mucho frío y nieve. Es decir, es un tiempo en el que el Sol está como apagado o muerto y no hay su presencia visible. Así hasta el mes de marzo en que comienza nuevamente la presencia manifiesta del Padre Sol y su acción de dar calor, luz, vida.

Este es el FUEGO NUEVO, el fuego que resucita luego de haber estado escondido o muerto todo el invierno. El 20 de marzo se festeja o se celebra la presencia del Sol Resurgido, o la resucitación de la Luz Resplandeciente, o de la Conciencia Lumínica. Así se celebraba por miles de años en todo el mundo hasta que aparecieron las religiones hace apenas unos 6000 años y comenzaron a suplantar a estas fiestas naturales calificándolas como paganas o idolátricas. Procedieron a sustituir y a imponer dioses varones (ni siquiera mujeres) sobre las deidades cósmicas.

Los cristianos al Sol lo cambiaron con Jesús, y es por eso que se dice que nace el 24 de diciembre, es decir, cuando el Sol vuelve a 'moverse' después de la quietud de tres días. Y lo mismo resucita o revive Jesús (es decir, el Sol) en esta época del Fuego Nuevo o Nuevo Sol.

El calendario gregoriano procedió a realizar algunos cambios y es por eso que se celebra con retraso el llamado fin del año occidental el 31 de diciembre, y de igual manera la pascua católica esta desplazada de la celebración en el equinoccio de marzo.

El Primer Concilio de Nicea (año 325) estableció la fecha de la Pascua como el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte. La fecha varía entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Todo ello, siempre con el propósito de suplantar y de cambiar en algo a las fiestas milenarias de profunda conexión con la naturaleza y el cosmos, por las religiones patriarcales y antropocéntricas que crearon un dios en forma de varón con el propósito de proceder a una monetización de la vida y a un oscurecimiento de la conciencia humana. Entonces, el Fuego Nuevo o Mushuk Nina (en kichwa) es la resurrección o retorno de la conciencia luminosa y que fuera suplantada con la resurrección de Jesús.

En todo caso, la conciencia crística es una conciencia solar y eso es lo que deberíamos ver, pero lo que vemos es dolor, sacrificio, castigo, culpa, miedo, sufrimiento, que es lo que se observa en las procesiones de semana santa en muchos lugares del mundo, es decir, todo lo contrario, a lo que significa la pascua natural (o el paso) del amor, de la ternura, de la alegría, del agradecimiento, del honrar, de la humildad.

El oscurantismo de la pascua monoteísta, debe ser retomada o resucitada en su esencia luminaria, creadora y reproductora de vida, para generar una sociedad y un mundo en las mismas condiciones, sino seguiremos en este mundo de tinieblas y terror en el que vivimos con las religiones, sin que hasta ahora logremos resucitar a las espiritualidades.

Atawallpa Oviedo

Atawallpa Oviedo

Escritor. Conferencista internacional. Animador de talleres de autoconocimiento a nivel mundial. Autor de 8 libros.
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