Los dos retos más importantes en la vida de una persona son: educar a los hijos y llevar por buen camino la relación de pareja. Y para ello no existe ningún manual ni lugar donde formarse. Estas facetas son muy esenciales para sentirse feliz, y la mayoría de veces son de índole autodidacta.

En muchos casos una familia se forma con mucha ilusión pero, lastimosamente, con poca orientación, y es ahí cuando surgen las primeras tormentas en la relación  y dejamos que la nave vaya a la deriva sin sujetar firmemente el timón.

Las tormentas, crisis y discusiones entre parejas son inevitables, la convivencia es complicada y las personas van cambiando con el tiempo. Si la pareja no está bien preparada estas peleas pueden suponer mucho sufrimiento, incluso terminar en ruptura, pero si la pareja posee unas bases sólidas (amor, confianza mutua, comunicación y sexualidad) la crisis lo único que hace es fortalecer los lazos de la unión.

El amor es el primer requisito indispensable. Dado que es un tema tan amplio y tan tratado solo queda por decir que cuando uno ama de verdad acepta al otro tal cual es.

Otro de los pilares básicos es la comunicación. Muchas parejas suelen decir «nosotros nos comunicamos mucho», pero no hay que confundir, hablar no es comunicar. Para que haya una verdadera comunicación tiene que haber una persona que hable y otro que escuche, no vale que los dos hablen al mismo tiempo y menos si gritan.

Para escuchar bien es necesario respetar el turno de la palabra sin interrumpir, ni hacer comentarios mientras el otro habla, además es importante dar muestras de atención como mirar o asentir, así el que habla percibirá que sinceramente tratamos de entender. Es muy útil al terminar la conversación que cada uno resuma al otro lo que cree haber captado, de este modo se corrigen los malos entendidos.

No hay que confundir comunicar con atacar o reprochar. Es saludable expresar aquello que nos molesta, irrita o enfada pero siempre utilizando un tono de voz comedido, sin insultos y siendo conciso.

Evita utilizar generalizaciones del tipo «tú nunca me apoyas», o «siempre te olvidas de mí». Cuando tengas que expresarle a tu pareja las cosas que te hacen sentir mal,  es mejor no hacerlo con la fórmula del tú. El tú es un dedo acusador que pone al otro a la defensiva, y deja de escuchar para defenderse con otro reproche.

Es mucho mejor emplear la fórmula: «Yo me siento__________cuando pasa__________». Por ejemplo: «Yo me siento triste cuando no recuerdas nuestro aniversario».

Las quejas no sirven si no van acompañadas de sugerencias positivas. Y, para que las comunicaciones sean enriquecedoras y completas, no debemos olvidar manifestar los buenos aspectos de la relación. Cuando decimos lo que nos gusta del otro, potenciamos esos aspectos.

Por otra parte, es conveniente plantear las sugerencias en lo que necesitan para sentirse amados. Tal vez tú puedes necesitar muestras de ternura o palabras románticas, mientras que tu pareja puede necesitar que te muestres más seductora o abiertamente más sexy.  Recuerda estas diferencias para al menos intentar satisfacer en lugar de restarles importancia.

Lo más importante en la relación de pareja no es esperar que el otro cambie, sino iniciar los cambios uno mismo. Si tratas al otro como te gustaría que te traten a ti, la otra parte va a responder haciendo un cambio positivo. Recuerda el tiempo de noviazgo, y recupera esa forma de tratar a tu pareja. Es un error pretender cambiar al otro. Acepta su forma de ser, seguramente algunas de las cosas que ahora quieres que cambie fueron las que más te atrajeron en su momento.

Es más fácil que hagamos pequeñas concesiones para llevar la vida de una forma más agradable. Todo es cuestión de buscar puntos intermedios en lugar de situarse cada uno en un rincón, esperando que sea el otro el que se acerque. Para no olvidar las cosas que nos unen, viene muy bien que cada miembro de la pareja escriba las cosas que tienen en común. Si aprendemos a comunicarnos correctamente, el pilar de la confianza mutua será más fácil de potenciar.

¿Qué entendemos por confianza mutua?

Básicamente, confiar significa tener la firme esperanza que se puede contar con el otro y también que entre los dos existe una complicidad. Tener confianza mutua es sentir que la pareja es un apoyo, y va a estar ahí cuando lo necesites.

Por último y no menos importante, uno de los pilares de la pareja es la sexualidad. El sexo en la pareja no lo es todo, pero sí es muy importante y saludable. Las ventajas de hacer el amor son abundantes: rejuvenece, fortifica los músculos, ejercita el corazón, disminuye el estrés, da vitalidad… Pero quizá la ventaja más importante es que el sexo es una comunicación piel a piel profunda y satisfactoria que une los lazos afectivos entre una pareja.

Cuando hablamos de sexo, no solo hablamos de penetración: hay muchas caricias que no tienen por qué terminar en lo exclusivamente genital. Por eso, el sexo o la sexualidad no deben tener edad. Efigenio Amezu, Máster en Sexología, siempre repite que «los seres humanos somos seres sexuados desde un cuarto de hora antes de nacer hasta un cuarto de hora después de morirnos.»

Vemos que las parejas más felices y estables son las que mantienen el fuego de la sexualidad vivo. En el sexo, todos nos tenemos que volver un poco niños y jugar con nuestros cuerpos procurando romper con las rutinas.

De nuevo, la comunicación es esencial en la relación de pareja. Es conveniente hablar de sexo con la pareja y contarle lo que nos gusta, y  lo que no nos gusta, sintiéndonos libres.

Solo si le das potencia a los cuatro pilares: amor, comunicación, confianza y sexualidad, la relación con tu pareja mejorará. El amor es como un ser vivo: requiere cuidados constantes para mantenerse sano.

 

 

⇒ Tomado de SaberVivir

 

Denisse Espinoza

Amante de la naturaleza, la familia, los viajes y las tradiciones de los pueblos originarios. Comunicadora social, Web Master y Community Manager de IntiNetwork, busca encontrar su camino a través de los distintos senderos que el Universo le tiene preparado...
Denisse Espinoza