Su nombre es Marino Morikawa; el científico peruano que (silenciosamente) está rescatando al Perú. Él purificó un humedal contaminado, en solo 15 días.

El científico peruano-japonés, nació en Huaral y pasó su infancia pescando, nadando y haciendo picnics con sus amigos en el humedal El Cascajo, en Chancay.

Creció en una familia peruano-japonesa que le enseñó a ser agradecido con la Pachamama.

La vida profesional lo llevó hasta Japón gracias a una beca para estudiar un doctorado en Ciencias de la Humanidad y Medio Ambiente, en la especialidad de biomasas en la Universidad de Tsukuba.

La llamada

Todavía recuerda cuando en 2010 recibió la llamada de su padre: “El Cascajo está a punto de desaparecer”, le dijo.

Marino aprovechó unas vacaciones en la universidad, en donde lideraba un equipo de investigación en temas medio ambientales, compró su pasaje y recorrió miles de kilómetros para salvarlo.

Su sorpresa fue tal cuando el lago que de niño visitaba, se encontraba completamente verde en lugar del recordado azul marino.

Estaba eutrofizado — cubierto de una especie de lechuga acuática conocida como Pistia Stratiotes — una clara señal de contaminación ambiental por exceso de nutrientes, que al impedir que la luz del sol penetre en el agua, reduce la cantidad de oxígeno disuelto — lo que es fundamental para la vida.

Morikawa cuenta que se hincó al ver el lugar, en 2010, sorprendido después de dos décadas de su última visita. “Le pedí perdón y empecé a estudiarlo”.

La sorpresa

Lo que encontró fue que el cuerpo de agua, que proviene de 30% de infiltración salina de la costa y 70% del río Chancay, estaba afectado por tres fuentes contaminantes: aguas cloacales sin tratamiento, un criadero de animales (porcino, vacuno y bovino) de una invasión que había llegado en los años 80 y un vertedero de basura a cielo abierto. Conjuntamente, todos aportaban una alta carga bacteriana.

“Allí se bañaban y defecaban los cerdos, que también eran abandonados allí envueltos en bolsas plásticas cuando morían, mientras algunas empresas cercanas lanzaban sus desechos”, dijo Morikawa. “Así que me fui a tocar muchas puertas e incluso hablé con el alcalde, quien me dijo que estaba loco, que la gente salía de allí con sarna”, cuenta aún con asombro, cinco años después.

 

Así lucía el Humedal El Cascajo antes de la llegada de Morikawa, casi totalmente cubierto de lemna o plantas acuáticas. Foto cortesía de Marino Morikawa.

Así lucía el Humedal El Cascajo antes de la llegada de Morikawa, casi totalmente cubierto de lemna o plantas acuáticas. Foto cortesía de Marino Morikawa.

 

Las cuadrículas hechas con bambú para sectorizar el lago, que ahora Morikawa dice que podría tener 70% de nueva “lechuga de agua” por falta de mantenimiento. Foto cortesía de Marino Morikawa.

Las cuadrículas hechas con bambú para sectorizar el lago, que ahora Morikawa dice que podría tener 70% de nueva “lechuga de agua” por falta de mantenimiento. Foto cortesía de Marino Morikawa.

El reto

Su primer reto no fue encontrar una solución al problema, sino conseguir dinero para concretar lo que tenía en mente.

Tocó muchas puertas y el cien por ciento le dijeron que no. Entonces cambió de plan: decidió usar su propio dinero para financiar el proyecto y pedirle permiso al alcalde diciéndole, que si no conseguía nada en un año, se regresaba a Japón. Y se lo dio.

La investigación

En un principio, Morikawa durmió durante varios días al lado del humedal, para hacer estudios de viento, estudio de aves y tráfico urbano.

Observó cuanta gente pasaba, qué animales había, los puntos de mayor contaminación.

Luego se puso su traje especial y con la ayuda de voluntarios y las nano burbujas empezó a retirar la suciedad y las plantas verdes que contaminaban el lugar.

A la semana, y luego de 14 horas diarias de trabajo, el científico se levantó tarde un día y lo que encontró al llegar lo emociona: decenas de personas metidas en el agua haciendo trabajo de limpieza.

Nanotecnología ecológica 

Con el conocimiento adquirido, diseñó un sistema que combina la nanotecnología con sistemas biológicos que aprovechan los materiales locales para purificar el agua del humedal de una forma más económica, rápida y eficiente que las opciones existentes en el mercado actual.

Su técnica consiste en el micro-nano-burbujeo y los bio-filtros para reducir la carga contaminante.

En contraste, otras técnicas en el mercado permiten que las pequeñas burbujas “envuelvan” a los contaminantes, llevándolos a la superficie.

Con tan solo un grupo de amigos, Morikawa dividió El Cascajo en ocho áreas mediante cañas de bambú.

Esta sectorización cumplía una doble función: como barrera física para que las plantas acuáticas superficiales no invadieran las áreas que se limpiaban y como un filtro natural para las partículas suspendidas en el agua.

De la invasión al abono orgánico

El Cascajo se empezaba a transformar, y el ejemplo contagió a los habitantes cercanos.

Lograron sacar 290 toneladas de la lechuga acuática, con lo que se hizo abono orgánico que fue usado junto a la municipalidad para recuperar zonas áridas y desérticas para la agricultura, otra de las líneas de investigación de Morikawa.

En el artículo científico “Hydrogen production by anaerobic co-digestion of rice straw and sewage sludge” (2011), demostró el potencial para hacer etanol.

“Usando 10 kilos de lechuga en un biodigestor, logramos producir gas metano suficiente para alimentar una bombilla LED durante un mes y cinco días en un experimento”.

En los primeros espejos de agua insertó envases hechos con arcilla local, para que actuaran como biofiltros que lograran absorber metales como cadmio y plomo, microorganismos y carga inorgánica.

Con una bomba de aire como las usadas para pintar, un motor electrógeno y varias mangueras que compró en una ferretería, emuló la oxigenación de una pecera casera, para implementar la técnica del micro-nano-burbujeo.

Su metodología genera dudas y críticas en algunos actores, y de no haber publicado ningún artículo científico al respecto, Mirian Arce, representante del Comité de Vigilancia Ambiental del Humedal de Santa Rosa — que reclama así un nombre distinto para el lugar — ha señalado en distintas ruedas de prensa que el lugar no se ha descontaminado.

Por otro lado, han señalado que biólogos como Beatriz Alcántara y Héctor Aponte del Gobierno Regional de Lima ya habían encontrado aves entre 2007 y 2009, años antes de la llegada de Morikawa.

La mancha blanca

En enero de 2013 otra llamada telefónica lo volvió a hacer volar de emergencia a Perú.

El Cascajo estaba completamente blanco. Morikawa temió que fuese cloro, comúnmente usado para la potabilización de agua, que en exceso resulta perjudicial. Pero lo que descubrió fue que miles de garzas habían vuelto al humedal, señalando el retorno del equilibrio ambiental perdido.

Entonces encontró 400 distintas especies de aves, migratorias y endémicas, e incluso tres especies de peces.

“Llegaron las gaviotas de Franklin, que vienen desde Estados Unidos y se contabilizaron más de 60 mil aves de enero a marzo”, precisa.

“Lo dejé 95% limpio hasta 2013, cuando debí volver a Japón. Entonces le dejé el proyecto documentado a la alcaldía y la población, quienes debían hacer el mantenimiento».

Esta labor ha sido reconocida ampliamente. Gracias a su trabajo, Morikawa ganó la Medalla de la Orden al Mérito a la Investigación e Innovación Tecnológica del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC), como uno de los tres mejores científicos del Perú en 2014.

 Desafíos más grandes

De encontrar puertas cerradas, el científico pasó a ser reconocido por la Unesco, a ser entrevistado en medios como National Geographic y Telemundo, y recibir miles de mails de alcaldes, gobernadores regionales y estudiantes que le ofrecían apoyo.

En ese momento de euforia le preguntaron si había pensado recuperar el lago Titicaca, uno de los principales atractivos turísiticos de nuestro país. Y así comenzó otra historia llamada proyecto Reto 15-Titicaca.

Para hacerlo realidad, Morikawa presentó los resultados de su primer proyecto a las autoridades de Puno, conversó con la población y obtuvo el respaldo de una ONG y varias empresas. Con el mismo sistema orgánico que usó la primera vez, acabó con el exceso de plancton y las bacterias nocivas del 0,02% del lago en 15 días.

El éxito de este proyecto abrió una puerta: hoy se planea descontaminar el lago en su totalidad, en cooperación con el Gobierno de Bolivia.

Por lo pronto, junto al Hotel Libertador, viene realizando una campaña en los colegios de Puno para que los más chicos entiendan la importancia del lago en sus vidas.

“Sería hermoso que al menos uno recuerde que un chinito habló hace tiempo de tecnología y que vaya al extranjero a capacitarse y regrese a su Perú a recuperar las cosas”, dice.

Su deseo es salvar el 70% de los hábitats naturales del Perú. El sueño ya no parece imposible.

 

 

⇒ Con información de Mongabay, Septima puerta, Nas Daily Español Rpp.pe

Denisse Espinoza